El cine independiente nació como alternativa al cine de Hollywood. Sin trampa ni cartón. Más alternativo, radicalizado o narrativo, el cine que generalmente se ha hecho en el área de Nueva York (Andy Warhol, John Cassavetes, Woody Allen, Jim Jarmusch, los Tribeca de Robert De Niro) estaba en oposición al que se cocinaba en los estudios de Hollywood. Así ha sido, y más o menos sigue siendo, desde los años 60. Después se sumaron instituciones como el Sundance Film Institute de Robert Redford, en Utah, dedicada a ayudar y promocionar nuevos cineastas –de ahí surgió el ‘Reservoir dogs’ de Quentin Tarantino– y a convertirse en plataforma de jóvenes talentos ‘indie’ de todas las latitudes mediante el Sundance Film Festival.

Cuando Hollywood está en crisis o en recesión, siempre sale a colación la buena salud del cine independiente. En todo caso, deberíamos acotar qué se entiende hoy como cine independiente, aquello por lo que se definían ‘Shadows’, ‘Extraños en el paraíso’, ‘Buscando a Susan desesperadamente’, ‘Sexo, mentiras y cintas de vido’, ‘Pi, fe en el caos’, ‘El mariachi’, ‘Pequeña Miss Sunshine’ o ‘Lost in translation’.
‘The brutalist’, uno de los filmes vencedores en los últimos Oscar, costó cerca de nueve millones de euros, que es más del triple de lo que cuesta una película ‘cara’ española. ‘La trama fenicia’, el filme recién estrenado de Wes Anderson, y ‘Father mother sister brother’, la película de Jim Jarmusch que se presentará en el próximo festival de Venecia, son mucho más baratas que ‘The brutalist’, pero cuentan con repartos de relumbrón: Benicio Del Toro, Scarlett Johansson, Tom Hanks, Benedict Cumberbatch, Bryan Cranston, Bill Murray y Charlotte Gainsbourg en la primera (algunos de ellos en cometidos breves, cierto), y Cate Blanchett, Vicky Krieps, Adam Driver y Charlotte Rampling en la segunda.
En cine independiente está ahora en manos de las grandes corporaciones. Antes no era así. Para financiar un filme ‘indie’ era necesario conseguir el capital a través de acuerdos entre cinco o seis pequeñas compañías de todo el mundo. Y esperar luego la resonancia en Cannes o Sundance. Ahora Mubi –que distribuye las últimas de Jarmusch y Paolo Sorrentino– o A24, también Netflix o Apple, rigen el destino del cine que siempre hemos llamado alternativo. La realidad es incontestable: 69 de las 200 películas más taquilleras de los últimos años son de consideración independiente.
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